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sábado, 5 de noviembre de 2011

El método Willems y El valor humano de la educación musical


            Estos días he estado releyendo algunos pasajes del libro El valor humano de la educación musical de Edgar Willems (1885-1975),  el creador del método de pedagogía musical Willems, en el cual, tal como comento en mi perfil, yo estoy especializada. Dentro de la extensa bibliografía de este filósofo y psicopedagog belga, El valor humano de la educación musical es su obra cumbre; la escribió al final de su vida y representa un valioso compendio de todo el saber acumulado a lo largo de muchos años, sobre música y pedagogía musical; se podría decir que es una especie de "Biblia" del método Willems...del cual os querría hablar en esta ocasión.

Edgar Willems empezó a desarrollar su método (dicen que a él no le gustaba esta palabra para definir el conjunto de ideas, ordenadas y sistematizadas, sobre pedagogía musical que defendió y difundió a lo largo de su vida) durante el período de entreguerras. Cabe decir que a principio del s. XX, en toda Europa se produjo un proceso de renovación pedagógica que dió lugar a la aparición de numerosos métodos de educación novedosos. Numerosos pensadores, filósofos, pedagogos, artistas.... se empezaron a cuestionar la manera de cómo se educaba a los niños en todos los ámbitos (también, por tanto, en el musical). Así fue como surgieron la mayoría de métodos llamados "activos", denominados así porque favorecen la participación del niño en su propio aprendizaje; los alumnos llegarán al conocimiento teórico de cualquier materia a través de la experimentación. Entre dichos métodos, encontramos, a nivel generalista,  a Waldorf y Montessori, tan "de moda" hoy en día (indudablemente, por lo interesantes que son). Dentro de este mismo movimiento renovador, pero en el ámbito de la música, las figuras clave fueron E. Willems, J. Dalcroze, C. Orff, M. Martenot, Z. Kodaly y S. Suzuky.
Es curioso ver cómo hoy en día, en España, todos estos métodos son considerados vanguardistas, cuando realmente fueron creados (y empezados a difundir por otros países europeos) hace, aproximadamente, un siglo. Está claro que en nuestro país la renovación pedagógica se inició con la llegada de la democracia...¡y en ello estamos todavía!

Willems, igual que otras grandes figuras de la pedagogía musical de la época como J. Dalcroze y Z. Kodaly, creía que todas las personas, independientemente de sus aptitudes musicales iniciales, pueden (y deberían) adquirir una formación musical. Así pues, la extendida idea de que una persona "vale o no vale" (es decir, que tiene o no talento) para la música queda totalmente desterrada. Según Edgar Willems, todas las personas tienen la capacidad de desarrollar su musicalidad si se las encamina correctamente.

Edgar Willems establecerá lazos profundos entre la música y el ser humano, otorgándole a la pedagogía musical una dimensión humanística. Según él,  Ritmo, melodía y armonía, los tres elementos fundamentales que constituyen la música, reúnen, respectivamente,  la naturaleza fisiológica, afectiva y mental del ser humano. Además, Willems no considerará la educación musical como un fín en sí mismo,  sino como un medio para que las personas se desarrollen en todas sus dimensiones; mediante la música podremos despertar las facultades sensoriales, motrices, afectivas, intuitivas y creativas de la persona (especialmente, en los niños).  Por tanto, según la pedagogía Willems, la finalidad última de  la educación musical no será aprender a leer una partitura o a tocar un instrumento concreto, sino a desarrollarse armoniosamente como persona, en todas sus vertientes, mediante una educación musical viva y activa.

Así pues, para Edgar Willems, la iniciación musical del niño tiene que ser una revelación: la música es, además de una ciencia y un arte, un lenguaje y, com tal, el aprendizaje de ésta debería seguir el mismo proceso que aprender a hablar; es decir, siguiendo las siguientes etapas: escuchar, repetir, improvisar, hablar utilizando frases y razonamientos cada vez más complejos, leer, escribir. Por tanto, se deberá partir de la impregnación musical hasta llegar a la teoria (y nunca al revés, como se acostumbraba a hacer en el pasado...dando como resultado un aprendizaje de la música -sobretodo, de los conceptos teóricos- árido y poco motivador). De esta manera, el niño, poco a poco, se va "empapando" de la música (cantando, moviendo su propio cuerpo, reconociendo timbres de distintas familias de pequeños instrumentos como las célebres campanas willemsianas, imitando ritmos...etc,etc...); primero, el contacto con la música será "inconsciente", natural y espontáneo....hasta que, poquito a poco, se vaya "etiquetando" de manera teórica todo aquello con lo que el niño se ha impregnado sensorialmente.
Concretamente, el método Willems establece 3 niveles de inicición a la música (que se llevarán a cabo a partir de los cuatro años de edad) que se basan en los siguientes pilares:
  • el desarrollo auditivo y vocal
  • los golpes rítmicos
  • las canciones
  • los movimientos corporales naturales
 El 3er nivel de iniciación a la música será también de pre-solfeo y pre-instrumental; es decir, de preparación a la práctica instrumental que se iniciará, junto con el solfeo, en un 4º nivel.  

 Asímismo, es importante destacar que el método Willems hace especial énfasis en el aprendizaje de  las canciones, ya que, el hecho de que éstas integren, de manera breve, concisa y atractiva,  todos los elementos del lenguaje musical las convierte en un recurso esencial para desarrollar la musicalidad global de los niño. El cancionero willemsiano incluye  canciones de diferentes características:
  • De ámbito reducido, como las de 2 a 5 notas
  • De intervalos o acordes característicos
  • Modales
  • Preparatorias para la práctica del instrumento
Hoy en día, el método Willems está presente en diversos países europeos como Francia, Suiza, Italia, Portugal, Eslovenia o España, y en el continente americano, tanto en EEUU como en Brasil.
Aunque existen escuelas de música Willems (como Musicant, en Barcelona), generalmente, el método es utilizado dentro de los centros de educación musical (escuelas de música y conservatorios), de manera exclusiva o esporádica, por profesores de música que, como yo, hemos realizado la formación que establece la Asociación Internacional de Educación Musical Willems. Ésta última es la encargada de velar por la continuidad de la tarea que Edgar Willems inició y que el maravilloso pianista y pedagogo, sabio entre los más sabios, Jaques Chapuis (un antiguo alumno de Willems en el Conservatorio de Ginebra), continuó hasta su muerte, en 2008.

Espero que este post os haya servido para conocer un poquito el método que a mí me cambió  la vida (la musical y la extramusical).
 

"(...) creemos poder decir que jamás se emplearán palabras demasiado grandes para hablar de éste, nuestro noble arte: la música, y que jamás será exagerado el respeto por la educación musical que lo sirve"
Palabras finales de El valor humano de la educación musical de  E. Willems

martes, 16 de agosto de 2011

A todo ritmo

Estos días son las fiestas de verano de Salou, la ciudad donde vivimos. El pasado domingo, como casi todas las tardes-noches de julio y agosto, estuvimos dando un paseo toda la familia (mi marido, mis dos hijos y yo). Yendo por el paseo Jaume I, entre la marabunta de turistas (Salou está en la costa, así que durante esta época del año siempre está "a tope") vimos pasar un desfile de "gigantes y cabezudos", acompañados por un grupo de "grallers" (la gralla es un instrumento popular catalán, de viento madera, que guarda cierto parecido tímbrico con el oboe). Un montón de familias con niños pequeños (nosotros incluídos) decidimos seguir a la festiva comitiva; al final de su recorrido, una batucada los recibió. Cuando la música de ésta empezó a sonar, como por arte de magia, todo el mundo empezó a moverse, cautivados por el magnetismo de su poderoso ritmo: los gigantes, los cabezudos, los “grallers” que los acompañaban, los adultos con sus bebés,  los niños, otros adultos (sin categoría visible de “papás”), ...¡hasta nuestra hija Ariadna, de cinco meses, agitaba con frenesí piernas y brazos y ponía cara de emoción al escucharla!. Entonces pensé que el grupo de percusionistas que formaban la batucada eran una especie de "flautistas de hamelín". En vez de flautas, tenían tambores, y en vez de una atractiva melodía, interpretaban potentes, estruendosos y hechizadores ritmos.
Así fue como, sin dejar de escuchar,  recordé una conferencia del gran pianista y pedagogo suizo (principal difusor del método Willems de pedagogía musical ) Jaques Chapuis (1926-2007), en la que habló del poder que tiene la música, especialmente el ritmo, para influir sobre el ánimo y el comportamiento de la gente (afirmación que ya fue formulada por diversos pensadores de la antigüedad y en la que se basa la musicoterapia actual). Esto se hacía patente en aquella sesión de batucada: un montón de personas, sin ser guiadas de manera explícita, habían empezado a bailar, a cuál más animada, incitadas por la música que estaba sonando; lo hicieron como respuesta espontánea e instintiva hacia aquella música, esencialmente rítmica.
El ritmo fue objeto de muchas charlas del sabio Chapuis Decía que éste es uno de los tres elementos de la música (los otros dos son la melodía y la armonía, en este orden) y que éste tiene la primacía sobre los otros dos; es decir, que el ritmo es el primer elemento de la música y que “si no hay ritmo, no hay música” (sin melodía, sí que puede haber música- lo que interpretaba la batucada era un ejemplo de esto- y sin armonía, también). Se podría decir que el ritmo es a la música, lo que un corazón es a la existencia de una persona o de un animal; pueden fallar otros órganos, pero si lo hace el corazón, no habrá vida.
De hecho, el concepto del ritmo no sólo es un elemento musical. Diferentes artes como la pintura, la escultura, la danza o la poesía también tienen ritmo. En la naturaleza, el ritmo también está omnipresente. Lo encontramos en los sonidos que emiten los animales, en el movimiento de las olas del mar, en el silbido del viento, en el estruendo de un trueno...todo son sucesiones rítmicas de sonidos.
A nivel musical, el sentido del ritmo es el primero que se despierta en el ser humano cuando todavía es un bebé. Las primeras manifestaciones vocales de un niño (balbuceos) son de carácter rítmico y no melódico; es fácil observar cómo un bebé, a partir del 4º mes de vida, más o menos, empieza a experimentar con su voz, improvisando pequeños motivos o células rítmicas, que le ayudarán a ir conociéndola y, poco a poco, dominándola.
De hecho, en los albores de la humanidad, las primeras manifestaciones musicales debieron ser básicamente rítmicas-y no melódicas-, tanto a nivel vocal como instrumental. Los instrumentos más primitivos serían, esencialmente, de percusión. No es difícil imaginar a los primeros hombres acompañar sus cantos mediante los golpes, la fricción, la sacudida...etc. de elementos naturales (piedras, ramas, cañas, cáscaras de frutos...), como también lo hacen los niños pequeños para acompañar sus primeras canciones.

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