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lunes, 4 de junio de 2012

Entre notas



Así estoy yo estos días: entre notas. 


Entre las notas musicales que han escrito mis alumnos en sus exámenes de teoría y dictados (y que estos días me toca corregir).

Entre las notas de la Cantata que mis alumnos de canto coral interpretarán en público la próxima semana.

Entre las notas de la partitura para piano que estoy estudiando.

Entre las notas de curso que debo "poner" a mis queridos alumnos (¡qué difícil es...!)

Entre las notas que escribo en sus informes, sobre su progreso a lo largo de los últimos meses.

Entre las notas de las canciones que canta mi hijo (y que baila mi hija...).

Entre las notas anotadas que voy dejando por todos los rincones de la casa para no olvidarme de nada...


Que llegue el verano...


lunes, 28 de mayo de 2012

El primer concierto



Hoy hemos llevado por primera vez a Héctor, nuestro hijo "mayor" (en el sentido de "primogénito" porque todavía tiene, a día de hoy, tres años y cuatro meses) a un concierto de música clásica.

Ya habíamos estado con él en algunos dirigidos a niños/as,  y también había entrado un ratito en algún concierto de su padre, pero hoy nuestro hijo ha pasado "la prueba de fuego" acompañándonos a un recital "para adultos". 

A pesar de que teníamos ciertas dudas sobre si Héctor podría estar tranquilo durante buena parte del concierto (hace un tiempo leí que un niño puede mantener la concentración escuchando música sólo durante el total de minutos que coincidan con su edad; en su caso, serían poco más de tres),  nos ha parecido que era una buena ocasión para probar, ya que en el concierto (que se ha llevado a cabo en el Auditorio Josep Carreras de Vila-seca, Tarragona) tocaba como solista, junto a la Orquesta Camera Musicae, el cellista del Cuarteto Alart, a quien nuestro hijo conoce y aprecia mucho.   

Antes de empezar el concierto, le hemos explicado qué íbamos a ver (una orquesta -es decir, un conjunto de distintos instrumentos de cuerda, viento y percusión que tocan juntos -y un solista- un cellista- que toca con ellos), cómo se estructura un concierto (dos partes, con una pausa intermedia) y cómo nos debemos comportar en un concierto de música clásica (debemos hablar muy flojito, tenemos que sentarnos correctamente...etc.).

Si nuestro hijo hubiera sido un poco más mayor (cinco o seis años) también le hubiéramos comentado el programa (las obras) que estaría a punto de escuchar y los compositores de éstas.

Héctor ha aguantado muy bien más de la mitad de la primera parte y, otro tanto, de la segunda. Le hemos pedido que en cuanto estuviera cansado nos lo dijera (para salir de la sala con él) y así lo ha hecho.

La verdad es que tanto él como nosotros hemos podido disfrutar del concierto: él, porque no le hemos obligado a permanecer en el auditorio más allá de lo que ha querido y podido (y durante el tiempo que ha estado allí, ha escuchado atentamente y se ha fijado en muchos detalles que luego nos ha comentado) y nosotros, porque, a pesar de no haber podido ver el concierto "de cabo a rabo", hemos tenido la oportunidad de escuchar buena música, en muy buena compañía. 

Sin duda...¡repetiremos!

martes, 15 de noviembre de 2011

La música como profesión

Como suele suceder a cualquier chica o chico de 18 años que esté en su último curso de  instituto, durante el año que yo estudié COU (¡qué antiguo suena esto!...) la gente me preguntaba a qué me iba a dedicar. Cuando yo respondía que estudiaría la carrera de piano (a la que posteriormente sumé las de lenguaje musical y música de cámara -por la cual, por cierto,  obtuve el Premio extraordinario de mi promoción junto con mis compañeros del Quinteto Ars- ) muchas  personas reaccionaban con perplejidad. Recuerdo comentarios poco afortunados y miradas que reflejaban una mezcla de lástima, extrañeza y compasión en la cara de mis interlocutores (reacciones que, estoy segura,  hubieran sido muy diferentes si yo hubiera expresado el deseo de estudiar alguna carrera con más prestigio social...). Fue entonces cuando me dí cuenta de que, en nuestro país, la música  es considerada, por muchos, un simple "hobby". Pues no....¡en absoluto!...la música no es sólo una bonita afición: la música es (también) una profesión...y para ejercerla, los músicos debemos empezar a estudiar a una edad muy temprana una  carrera excepcionalmente larga y difícil.

En España, la estructura de los estudios musicales (llamados de régimen especial) está dividida en tres tramos: 
  • El Nivel o Grado Elemental (de los 7 a los 11 años, aproximadamente). Éste se cursa en escuelas de música públicas y/o privadas; cualquier niño puede acceder a estos estudios. Comprende diversas asignaturas (en función de los distintos centros y cursos)  como instrumento, lenguaje musical, canto coral, orquesta y/o banda, entre otras.
  • El Grado  Profesional  (de los 12 a los 17, aproximadamente).  Se estudia en Conservatorios Profesionales y,  para poderse matricular, es necesario superar una prueba de acceso específica regulada por las administraciones competentes (prueba de "paso de grado") . Las plazas suelen ser muy limitadas en estos centros y, por tanto, los alumnos que quieren obtener una no sólo tienen que superar la prueba de acceso sino que, además, deben obtener una nota alta  (es una especie de "oposición"). Las especialidades del grado profesional de música  abarcan los instrumentos de la orquesta sinfónica, los instrumentos polifónicos (piano, órgano, acordeón y guitarra), los instrumentos de  música moderna y  jazz (como la guitarra eléctrica y el bajo eléctrico...), de música antigua (clavicémbalo, viola de gamba...), de música tradicional y el canto.  Los seis cursos  de Grado Profesional coinciden con  los cuatro años de la ESO y los dos de Bachillerato. Al finalizar este grado, el alumno obtendrá un título (que no tiene validez a nivel profesional).
  • El Grado Superior (de los 18 a los 21/22 años, aproximadamente).  Cuando un alumno finaliza los seis cursos de Grado Profesional  puede acceder al Grado Superior para realizar una especialidad (como interpretación, pedagogía del instrumento, composición, musicología, sonología...etc) a la que posteriormente se querrá dedicar profesionalmente. Para ello deberá realizar una prueba de acceso a un Conservatorio Superior. Aunque el título  que el alumno consiga al acabar sea equivalente "a todos los efectos" a un título universitario, desgraciadamente, en España los estudios superiores de música se cursan fuera de la Universidad, a diferencia de otros países europeos (como en tantas otras cosas, también en esta cuestión vamos unos pasos por detrás...). Está claro que este hecho no ayuda, en absoluto, a dignificar la carrera de música. En fín...a ver si en un futuro no demasiado lejano se enmienda el error ...
Además de ser extraordinariamente larga, la carrera de música (de cualquier especialidad) es muy exigente. Como ya hemos visto, durante el Nivel Elemental y el Grado Profesional, los estudios musicales se deben cursar simultáneamente con la Primaria, la ESO y el Bachillerato. Si para muchos alumnos ya es complicado abordar sólamente estos estudios de régimen general, cualquiera puede imaginarse que no es fácil combinar las horas de clase (y los deberes) del colegio o el instituto con las de la escuela de música o el conservatorio, junto con sus también respectivos deberes y horas de estudio instrumental. De hecho, tengamos en cuenta que para aprender a tocar cualquier instrumento se debe practicar casi a diario...y aunque para un alumno de 7 años sólamente sean necesarios 15-20 minutos de estudio al día, ese tiempo se incrementará, paulatinamente, conforme pasan los años y los cursos. Así, el adolescente que empieza a vislumbrar que querrá realizar el Grado Superior, deberá practicar, como mínimo, un par o tres de horas diarias entre semana y algo más, los sábados y los domingos. Además, hay que tener en cuenta que estudiar un instrumento es parecido a entrenar un deporte: no se puede dejar de hacer durante varios días seguidos porque se pierde "agilidad", por lo que también se requiere  la práctica diaria durante los periodos vacacionales.

Así...que ya véis: unos quince años de carrera (más algún posgrado o máster), compaginando los primeros diez con los estudios del colegio y el instituto, sin dejar de practicar durante las vacaciones, con dos complicadas pruebas de acceso  a superar....llegar a ser músico no es tan fácil como podría parecer a priori, ¿verdad?.

"¿La carrera de música...tiene salidas profesionales?" me ha preguntado muuuucha gente a lo largo de los años...¡Pues sí!; ¡tiene muchas,  muy variadas y muy  interesantes!:  profesor (de escuelas de música, conservatorios, institutos de secundaria, universidades...) , intérprete-concertista (solista, de cámara, miembro de orquesta sinfónica o de cámara...), musicólogo, compositor, director de coro  u orquesta, crítico musical, musicoterapeuta...etc, etc, etc...Además,  hoy por hoy (y "con la que está cayendo"...), el mercado laboral en este sector no está masificado en absoluto; és más, me atrevería a decir que algunos puestos de trabajo relacionados con ciertas especialidades  son difíciles de cubrir por escasez de personal disponible.

 En cualquier caso, lo importante para mí es sentir que hice una muy buena elección profesional. Nada más acabar la carrera encontré trabajo...y nunca me ha faltado. Mi profesión es vocacional; me gusta y me motiva.   Mi trabajo  es de calidad y  me permite tener tiempo para estar con mi familia... ¿qué más se puede pedir? 

Así que si alguien (¡quizá alguno de vuestros hijos...!) algún día os anuncia que se quiere dedicar profesionalmente a la música...¡animadle!. Decidle que va a tener que trabajar  mucho... pero que el esfuerzo merecerá la pena.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ideas para escuchar música (clásica) con niños

Como profesora de lenguaje musical, habitualmente recomiendo a los padres de mis alumnos que escuchen música clásica con sus hijos para que estos la perciban como algo integrado en sus vidas cotidianas, y no como un elemento "circunstancial" de su aprendizaje en el conservatorio.  Es muy frecuente que las familias, a esta sugerencia, respondan que, entre colegios, deberes, actividades extraescolares, etc,etc..., poco tiempo les queda para poderla llevar a cabo... así que yo, para animarles a hacerlo, les suelo ofrecer una serie de sencillas ideas que les den la oportunidad de tener más contacto con la música, pasando, a su vez,  un buen rato con sus hijos y sin que prácticamente les "robe" tiempo de sus quehaceres cotidianos. Estas ideas son las que querría compartir aquí con vosotros.

Para empezar, acostumbro a sugerir que aprovechen momentos del día "muertos", como los trayectos en coche (que en la vida moderna, suelen ser frecuentes) o la hora del baño, para ponerles  música a sus hijos. Hasta el padre o madre más melómano/a puede sentirse  algo perdido a la hora de escoger un repertorio clásico adecuado a los gustos de los más pequeños. Yo recomendaría hacerse con algún recopilatorio de música clásica para niños (a mí me gusta especialmente la colección de "Clásicos populares infantiles")  y con algún cuento musical. También sería bueno conocer qué obras se están escuchando en el colegio (o en la escuela de música o conservatorio) e incluirlas en nuestra discoteca particular para que los niños las vuelvan a disfrutar y recuerden lo aprendido. En cualquier caso, en la barra lateral derecha de este blog iréis encontrando diversas sugerencias.

Asistir a conciertos  pedagógicos para el público infantil es otra buena opción.  Suelen tener lugar en auditorios y/o teatros los fines de semana, a mediodía o a primera hora de la tarde.  Las profesoras de lenguaje musical del Conservatorio de Tarragona (donde yo trabajo) cada año organizamos alguna salida a Barcelona con nuestros alumnos para presenciar algunos de estos conciertos didácticos. En dicha ciudad, son muy recomendables los organizados por  el Auditori, el Palau y el Liceu.

También es buena idea consultar la programación de conciertos de alumnos de las escuelas de música y los conservatorios que tengamos cerca de nuestro lugar de residencia. Estos suelen estar abiertos al público en general y  habitualmente son gratuitos.

Por otro lado, podemos proponer a nuestros hijos ver algún programa de televisión dedicado a la música clásica y dirigido a los niños, como El conciertazo o El club de pizzicato, ambos, de TVE. Sin duda, a parte de educativos, son muy interesantes y atractivos. También son recomendables las películas infantiles en las que la música clásica tenga un "papel protagonista", como Fantasía  de Disney.

Otra idea divertida para compartir un tiempo de música con nuestros hijos sería bailar con ellos al ritmo de alguna danza. Muchas formas musicales clásicas como el minuet, la sarabanda, el vals o la giga provienen de danzas populares.
Además, como nunca es demasiado pronto para iniciar a los niños a la música clásica, también podemos aprovechar a hacerlo con nuestros bebés (sobretodo, con los menores de un año). Por experiencia propia (bailar fue la principal actividad que mi primer hijo y yo compartimos durante los primeros meses de su vida...) puedo decir que esto, además de ayudarnos a  tranquilizarlos y/o dormirlos..., nos permitirá pasar un rato muy agradable con ellos.


Y, por supuesto, la MEJOR manera de aproximar a los niños a la música clásica es asistiendo a algún concierto. Cuando los peques son bastante jovencitos (menores de 6 años),  podemos optar por quedarnos sólamente durante media parte  o durante uno o dos movimientos de una obra (o una o dos piezas cortas); es decir, no permanecer en el concierto más allá de los 20-30 minutos (recordemos que los niños no pueden mantener la atención y la concentración durante mucho rato seguido).
Antes del concierto, sería  importante que los padres explicaran que, a lo largo de éste, se debe mantener una actitud correcta (estar en silencio, permanecer sentado...). También es recomendable escoger un lugar cercano al escenario para que se pueda ver bien tanto a los músicos como a sus instrumentos.
También es fundamental la elección de la hora del concierto, ya que es muy probable que los niños estén más receptivos por la mañana o temprano por la tarde, que a última hora del día.

Y siempre que podamos, comentemos a nuestros hijos qué pieza están oyendo y quién es el compositor; conocer alguna anécdota de éste o del proceso de creación de la obra les encantará y les ayuda a recordarla.
Y pensad que  los niños pequeños disfrutan mucho repitiendo una actividad una y otra vez...así que es buena idea volver a escuchar las mismas músicas. Cuanto más familiar les resulta una obra, más la aprecian.
Así que...¡música, maestro...!

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