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miércoles, 15 de enero de 2014

Una más a quien cantar



Todos cantamos a Aina

El pasado 4 de octubre nació mi tercera hija, Aina. A pesar de que tardó en "decidirse" a abandonar su hogar intrauterino (me puse de parto el día en que cumplía 42 semanas de gestación, estando ya "bajo amenaza" de inducción para el día siguiente...), el parto fue muy rápido y fácil. 

Los tres meses y unos días que han seguido a su nacimiento han sido, dentro de todo, relajados y felices (sin duda, "la experiencia es un grado"). Sus hermanos, Héctor y Ariadna, la han aceptado muy bien desde el principio y eso ha facilitado mucho el proceso de adaptación a nuestra nueva situación familiar. Cada uno de ellos se relaciona con la pequeña de la casa de manera diferente; la niña lo hace con efusividad y el niño, con una actitud más protectora y vigilante.

Hace unas semanas, una anécdota entre el mayor y la benjamina de mis hijos me llamó muchísimo la atención. Sucedió un día en el que yo estaba en casa con los tres niños sin ningún otro adulto que me acompañase; por alguna razón que no recuerdo, tuve que dejar un momento sola a Aina en su hamaquita. En ese momento, pedí a Héctor (que dentro de unos días cumplirá cinco años) que "cuidara" de su hermanita. Cuando volví a la habitación en la que se habían quedado ambos, ví a Héctor meciendo la hamaca y cantándole una canción tras otra a la pequeña. La imagen me pareció muy bonita y, a su vez, me invitó a pensar en lo siguiente: a pesar de su corta edad, para acompañar y mantener tranquila a su hermana, Héctor, de forma instintiva, había optado por cantarle; es  decir, había asociado "cuidar" con "cantar" y, a su vez, "canto" con "movimiento".

En realidad, la conducta de Héctor corresponde a una manera ancestral, común en todas las personas, de cuidar a los bebés cantándoles (normalmente, mientras los movemos); se suele hacer para que dejen de llorar, para que se duerman, mientras les cambiamos el pañal, cuando les vestimos, cuando les bañamos, para que estén tranquilos mientras vamos en coche...etc.

En este sentido, quisiera exponer otra anécdota que me vino a la mente al reflexionar sobre este hecho: al cabo de unos meses de nacer Héctor, ví un vídeo que mi marido había grabado pocos minutos después de dar a luz. En éste, yo tenía a Héctor encima, piel con piel, mientras le acariciaba y le cantaba. Yo entonaba una canción tras otra, tratando de que se calmara (lloró amargamente durante un buen rato) y de que se recuperara del "trago" del parto. La verdad es que, al ver el vídeo, me sorprendí muchísimo, pues no recordaba en absoluto haberme comportado de aquella forma; está claro que, en aquel momento, me dejé llevar por mi instinto, y éste me indicó la mejor manera de iniciar mi camino como madre: cantando a mi hijo.

De hecho, cabe recordar que la voz de la madre (y, especialmente, la cantada, sea cual sea la calidad de su timbre y/o afinación) es fundamental para el desarrollo físico, intelectual y emocional del bebe, tal como expliqué aquí, y como ejemplifica y resume el sabio obstetra Michel Odent en el siguiente texto, extraído de su libro La Cientificación del Amor. EL Amor y la Ciencia Capítulo 19. Editorial Creavida, en el cual hace una reinterpretación del nacimiento de Jesús:

"...María aprendió a reconocer cuándo su bebé tenía necesidad de que lo meciera. Había tal sintonía entre ellos, que ella podía perfectamente adaptar el ritmo del balanceo a la demanda del bebé. Mientras lo mecía, María empezó a canturrear unas melodías a las que agregó algunas palabras. Como millones de madres, María había descubierto las canciones de cuna. Fue así como Jesús comenzó a aprender lo que es el movimiento y luego, el espacio. Fue así como Él comenzó a aprender lo que es el ritmo y luego, el tiempo. Estaba entrando progresivamente en la realidad espacio-temporal. Conforme Jesús creció, María empezó a introducir cada vez más palabras en sus canciones de cuna y así fue como Jesús aprendió su lengua materna. " (Gracias al blog Junto a tu doula, donde leí el texto y de donde lo he recogido) 

Así que...ahora ya tenemos una más a quien cantar.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Una charla sobre La doula


Los que hayáis leído Mi perfil sabréis que, a raíz de tener hijos, me he formado en diversos temas relacionados con la maternidad. No lo he hecho con la voluntad de buscar otra profesión (la mía me gusta y me "llena" muchísimo), sino por el deseo de aprender sobre cuestiones que tienen que ver con mi faceta de madre y la necesidad de poderlo compartir con otras personas. 

Hace unas semanas, Muntsa, la monitora que dirige el grupo de La liga de la leche de Cambrils, me propuso dar una charla sobre la doula con motivo de la Semana mundial de la lactancia materna, y en colaboración con la delegación de Reus de la Asociación Mares Doules, en la cual yo me formé como tal hace un tiempo.

La charla será el próximo sábado 20 de octubre, a las 11h.,  en el Centre Cívic Alba (espai menut "Saltirons") de Cambrils (Tarragona); ¡estáis tod@s invitad@s!. Para l@s que no podáis venir, aquí os dejo una breve presentación sobre la doula: 

La palabra doula proviene del griego y etimológicamente significa "mujer que está al servicio de otra mujer". En nuestra sociedad occidental, la doula es la figura femenina que acompaña la primera maternidad; en concreto, el embarazo, el parto y el posparto. Las doulas surgen para "reestablecer" las redes de apoyo femeninas que en el pasado sostenían a las mujeres durante estas etapas fundamentales de sus vidas. 

Habitualmente, la doula es una mujer que ya ha pasado por la experiencia de la maternidad (aunque hay excepciones en este punto) y que se ha formado como tal.

La doula no tiene una función sanitaria, sino de apoyo emocional. Nunca se debe confundir la figura de la comadrona con la de la doula. Así pues, la doula nunca debe interferir en diagónosticos, criterios y/o actuaciones médicas.

El objectivo final de la doula es dar soporte afectivo, comprensión y ayuda para que la madre recupere la confianza en ella misma: en su capacidad para dar a luz y para atender a su bebé.

La doula nunca impone ideas o criterios propios. Simplemente, ofrece un abanico de posibilidades a la madre para que ella, teniendo toda la información, sea la que elija la opción que más le convenga.

En España, la formación de la doula es no reglada. En la asociación Mares Doules, entre otros, se tratan los siguientes temas:
  • Fisiología del parto y del postparto
  • Nociones básicas de pediatría
  • Lactancia materna
  • El sueño de los bebés
  • El método canguro para bebés prematuros
  • Nociones antropológicas sobre diferentes tipos de crianza en el mundo
  • etc...
Durante el curso, aunque disfruté de todos y cada uno de los seminarios, me gustó, especialmente, el que impartió Michel Odent, el reconocido obstetra francés, autor del célebre libro El bebé es un mamífero; ¡qué gran sabio!. Después de escucharlo durante tres días seguidos, fue imposible no vivir plenamente y sin miedo el parto de mi hija Ariadna (cuando nació meses más tarde) de quien estaba embarazada mientras realizaba la formación.

Quisiera acabar esta entrada haciendo hincapié en que, aunque en España la figura de la doula no es todavía muy conocida (ni muy reconocida), en otros países europeos (más avanzados, socialmente) como Holanda, la Seguridad Social costea los servicios de esta figura de apoyo a la maternidad. 

Si queréis saber un poquito más sobre el movimiento de las doulas a nivel europeo, os reomiendo visitar la  Red europea de doula.

martes, 8 de mayo de 2012

La voz materna


Cuando hace cuatro años estaba embarazada de mi primer hijo, como muchas madres primerizas, leí numerosos libros sobre temas relacionados con los bebés. Entre otros, cayó en mis manos El Efecto Mozart para niños, escrito por Don Campbell (editorial Urano). En éste leí por primera vez sobre la importancia de la voz materna para el correcto desarrollo intelectual, físico y afectivo de los recién nacidos.

El oído del bebé intrauterino empieza a funcionar entre el 4º y el 5º mes de gestación. Los primeros sonidos que percibe son los que provienen del organismo en el cual se está desarrollando (sobre todo, el del latido del corazón) y los de la voz de su madre.

Hasta que nazca, y durante varias semanas más, la voz materna será el sonido más importante y atractivo que oiga. Mediante su voz, la madre podrá “conectar” con su hijo aún no nacido. Sin duda, ésta reforzará el vínculo entre ambos. Además, durante su vida intrauterina, el bebé estará atento a todos los aspectos del tono de voz y de la entonación del habla de la madre, lo cual le llevará a “grabar” su idioma materno y, en consecuencia, a preferirlo por encima de los demás cuando nazca y a cimentar su aprendizaje.

La voz de la madre gestante se vuelve aún más especial para su hijo cuando ésta le canta. Según D. Campbell, cantar hace circular vibraciones energéticas por los músculos y los huesos tanto de la madre como del hijo, produciendo una sensación de masaje interno entre madre y bebé. Esto proporcionará a ambos una sensación de tranquilidad y bienestar que, por otro lado, es fundamental para el correcto desarrollo del niño (en todos los sentidos) dentro del útero.

Muchas madres consideran que su voz no es bonita o afinada y que, por tanto, no va a ser positivo cantar a sus hijos. En realidad, no hace falta cantar perfectamente. Lo más importante para un bebé es el contacto amoroso con su madre, a todos los niveles . Para él, su madre es la persona más especial del mundo y su voz (igual que su olor, que su tacto, que su leche...), insuperable.

En el momento del nacimiento, desde el primer momento que la madre tiene en brazos al bebé, se siente, de manera totalmente espontánea y natural, el deseo de cantarle. En este sentido, puedo explicar que al cabo de un tiempo de nacer Héctor, mi hijo mayor, ví un vídeo que su padre gravó unos minutos después de que yo diera a luz, mientras ambos estábamos “piel con piel”. Héctor lloraba desesperadamente y yo, instintivamente, empecé a cantarle para que se tranquilizara; la verdad es que no recordaba haberlo hecho (quien haya pasado por un parto sabrá que, por la intensidad del momento, hay muchos detalles que se olvidan...), pero me pareció muy bonito ver que los primeros minutos de mi vida como madre los pasé cantando a mi hijo (¡ y ya os expliqué lo bien que canta él ahora!).

Durante las primeras semanas de un bebé, el canto de la madre es, quizá, aquello que más le tranquiliza; sin duda, éste les hace recordar su paradisíaca vida dentro del útero. Además, según investigaciones recientes, el canto materno es, seguramente, la mejor iniciación musical que un niño puede tener (podéis leer sobre esto en el libro ¿Se nace musical? de Johannella Tafuri, de la editorial Graó). Parece ser que los niños cuyas madres les han cantado tanto durante su periodo de gestación como durante los primeros meses/años de vida, desarrollan más y mejor su oído y su musicalidad y que, por tanto, tienen una mejor base tanto para cantar como para tocar un instrumento.

De hecho, el canto materno se ha utilizado, incluso, como una “herramienta” terapéutica en el Método Tomatis, tal y como podéis leer aquí.

Para acabar esta entrada, quisiera compartir con vosotr@s una cita de Enrique Morente, que, en pocas palabras, resume lo comentado:

“El cante me viene de mi madre. Ella no era cantaora, pero de su voz viene todo. De ahí procede”

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